Creo que esta entrada irá dedicada a dos de las personas que más quiero, mis niñas, mis confidentes y por las cuales daría todo y más: Alba y Carolina.
Son dos niñas que sabes de sobra que no te van a fallar (ahora es cuando Carol cambia la primera A por una O), que están ahí siempre a pesar de que nos separen un puñado de kilómetros y que pase lo que pase no te vana a defraudar NUNCA.
Con ellas compartí multitud de tardes, recuerdos e historias que recordaré por mucho tiempo; historias que pasarán a formar parte de mi juventud y que, estoy seguro, recordaré con nostalgia en años venideros. Se me viene a la mente aquella tarde de verano en Valdoviño en la que no se nos ocurrió mejor cosa que meternos por el monte a recoger moras. Esa tarde en la que Carolina "se cayó" y que Alba estuvo a punto de hacerlo.
Siempre dijeron que una imagen vale más que mil palabras,
así que ahí va un vídeo que relata con claridad nuestra aventura:
Os preguntareis el por qué de que haya decido actualizar y dedicaros la entrada a vosotras, ¿no? Es muy sencillo, porque somos capaces de entendernos con solo una mirada y para agradeceros todo lo que hacéis por mi; ya sea aguantar mis chistes malos, dejar que arruine vuestra economía o simplemente hacer que sonría con cualquiera de vuestras tonterías.
¡Os quiero, niñas!


